jueves, 21 de agosto de 2014

El rey de Cuba viaja en metro

Yo soy el rey de Cuba. Dice contestando a mi sonrisa. Lo que pasa es que no tengo ni palacio, ni corona… ni nada. Me rio. Yo soy la reina de la India. Me hace una reverencia, alaba mi sonrisa y pregunta qué estudio. Sorprendida le contesto y recibo un piropo y un “te pega”. Quiere que le dedique a él mi primera entrada. Él hizo computadores, que no ordenadores, no. Un computador computa, nada de ordenar. Y teclea en el aire medio bailando. Va a ver a una amiga especial, su familia esta allá, me dice, y lleva diez años sin pisar su tierra. Problemas en el amor no tienes eh, le sonrio. Cuando estaba en bachiller, confiesa muy serio, le decía a las chicas que debían arrancarse el corazón, tirarlo al suelo y aplastarlo con el pie, una y otra vez y con mucha fuerza… para después recogerlo con una espátula y volvérselo a coser. Por qué, pregunto quizá demasiado ingenua. Porque así nadie podrá volver a pisotearlo.

Él es rey de Cuba, y no solo por su traje blanco, su sombrero de feria y sus gafas doradas. Él es el rey de Cuba porque en su sonrisa cabe toda Latinoamérica.