¿Te gusta la poesía? Un hombre, o mejor dicho, una barba y un pelo largo, grueso y blanco, que esconde el rostro de un hombre, se acerca a ti. No sonríe, pero su voz lo hace por él. Te muestra su libro de poesías que vende por nueve euros, las mil quinientas pesetas de antes.
PREGUNTA: ¿Por qué Espíritu Libre?
RESPUESTA: Siempre me he
considerado un espíritu libre, con trece años empecé a dejarme el pelo largo y
a escuchar historias hippies de los años sesenta. Empecé a usarlo en el año 95
cuando quise hacer un grupo para sacar mi primer CD de música. Como al final no
tuve suficiente gente lo hice yo solo, tocando todos los instrumentos e hice
como muchos grupos de rock progresivo y otros estilos, que ponían su nombre
delante y entre paréntesis o entre comillas Espíritu
Libre. Al final me registré como Ángel
“Espíritu Libre” y lo seguí utilizando cuando conseguí gente para tocar.
Empezó en el
heavy metal en su barrio, Vallecas. Y fue gracias a su hermano mayor como
descubrió el rock progresivo, género dentro del cual tiene dos trabajos. “Cuando
tenía siete años mi hermano me ponía discos, a mí no me gustaban, yo solo quería
jugar, pero quieras que no se me quedaron grabados en la cabeza y cuando empecé
a comprar música con catorce ya los conocía…”
Quedamos en
la plaza Dos de Mayo, su segundo hogar. Escribió los poemas entre el 78 y el
98. Le pregunto por Madrid en esos años…
P: ¿Ha
cambiado mucho?
R: Sí, ha
cambiado mucho desde el año 89, que fue cuando empecé a venir a esta plaza.
Cambios de gobierno, diferentes leyes, la movida madrileña… Si tengo que elegir
me quedo con el Madrid de antes, pero también quizá por la edad, ahora tengo 51
años y el cuerpo no está igual. Quizá preferiría la Malasaña de antes incluso
de que yo llegara. Yo empecé a venir en el declive, y aunque aún había espíritu
libertario después vino la movida y cosas peores, la droga, la heroína… y hubo
problemas.
P: ¿Has
tenido algún contacto con la droga?
R: He tomado
casi todo tipo de drogas pero no llegue a tener ningún problema. Ahí tendría
diecinueve años y tuve suficiente cabeza para decir que no y parar.
Tabaco veo
que sí, le pregunto mientras enciende otro cigarro. Asiente con la cabeza.
Tampoco falta en sus manos una lata de medio litro de cerveza, insisto en
invitarle a una y señala una marca desconocida “es la más barata”, sonríe
dándome las gracias.
P: ¿De dónde
coges ideas para tus letras?
R: Mi mayor
fuente de temas es la historia de los hippies de los sesenta que conocí a
través de mi hermano por revistas, cines… es un estilo de vida que me ha
fascinado siempre e investigué bastante sobre la música de esos años. No digo
que sea perfecto aunque yo sí llegué a ser hippie. Ahora ya no se puede ser hippie,
ha habido muchos cambios en el mundo, pero sí se puede ser medio hippie.
P: ¿Y qué
cambiarías de ese estilo?
R: Te lo
cuento lo más rápido posible. El estilo hippie se fundamentaba en cuatro
palabras: felicidad, libertad, amor y paz. La felicidad la puedes encontrar de
varias maneras y con muchos tipos de cosas. La libertad, intentar que no te
lleve nadie por su camino. Como ya te dije empecé a dejarme el pelo largo, cosa
que me ha traído problemas también, pero eso es una pequeña manera de ser libre,
¿no crees? El amor. Se puede y se debe amar, no solo a las personas, de manera
ordenada y siempre que nadie salga perjudicado. Y lo que es más complicado de
cumplir es la paz porque si alguien te hace algo malo es muy difícil poner los
dedos como se ponía antiguamente y decir “paz”. Ese es el tema más
controvertido.
En ese
momento coloca los dedos índice y corazón en uve y sonríe para sí mismo.
P: Y hablando de amor, que es un tema
muy tratado dentro de la poesía, ¿alguna vez has sufrido por amor?
R: Hay diversos tipos de amor, sufrí
bastante por el amor a mi madre que murió hace doce años y fue un palo grande
para mí.
P: ¿Desarrollaste algún método para
pasar el duelo? ¿Alguna fórmula mágica?
R: Hay gente que siente las cosas más
que otros, no es algo que puedas equiparar a todo el mundo. Es como el dolor en
un dedo, hay personas que sufren más, depende…
Aprovecho para preguntarle por su
familia. Ahora vive con su hermano mayor, profesor de idiomas, traductor y
culpable en gran medida de su pasión por la música de estas dos décadas a las
que tanto alude: los sesenta y los setenta.
Sus ojos oscuros brillan al hablar de
su madre “tenía fe en mí, no como mi padre, al que nunca le gustó nada que
hiciera música ni que me dejara los pelos largos, un chapado a la antigua.”
P: Tu filosofía es un derivado de la
cultura hippie, ¿tienes algún ídolo?
R: Sí, llevo treinta y cinco años más
o menos estudiando música y tengo muchos ídolos, sobre todo músicos de los años
sesenta. Por ejemplo, Jimi Hendrix y grupos como Cream, Genesis, Pink Floyd… los admiro porque aunque son varias
personas hicieron algo muy personal y compacto.
P: ¿Te consideras una persona optimista?
R: Sí me lo considero y como te he dicho, quiero pensar que pueda
haber cambios, que todo mejore. He vivido muchos años y por ejemplo, si me
permites, ha habido muchos cambios en el campo de las mujeres, todavía quedan,
pero se han hecho muchos avances.
Hablamos de
Toro Bravo, el extravagante pintor de las ilustraciones de su libro. Cada página
de Tras el telón.… el arte contiene
un dibujo y un poema. Comparten una estética similar, pero Ángel no opina sobre
sus teorías filosóficas. Me habla entonces de religión y de respeto. Es un ateo
convencido al que sin embargo sí le gustaría creer en algo. Como a muchos,
supongo.
P: ¿Tienes algún lema de vida, algún consejo?
R: Disfrutar de la vida, que se pasa muy rápido. Tengo 51 años y desde
los 40 o antes el tiempo ha pasado volando, es algo inexplicable, lo vivirás.
P: ¿Te gusta la lectura, el cine...?
R: En temas de poesía y filosofía sobre todo he leído letras de
canciones, fancines y he visto entrevistas. Un
autor que me gusta mucho es Hermann Hesse : Demian,
El lobo estepario. También me
influenció Khalil Gibran, he leído toda su obra, es alucinante y va en esa
onda, otras religiones y otro tipo de concepción del mundo… Ahora no soy tan aficionado
al cine. Algunas películas que me han marcado mucho y que recomiendo
profundamente son El planeta de los
simios o El tiempo en sus manos.
Son películas de ciencia ficción pero con mucho mensaje social y mucha filosofía
que te hacen reflexionar.
P: Algo que se te quede en el tintero.
R: Una cosa curiosa, llevo catorce años desde que saqué el libro mostrándolo
por aquí, la plaza Dos de mayo, a veces por Lavapiés… con educación y buen
rollo, y considero que es una labor que debería ser puntuada por la gente y que
muchas veces no lo es. Si estoy es por algo, y esa frase… ¿cómo es? “Si la
montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Si la montaña, que es el público,
la gente inmensa no viene, voy yo. En momentos llega a ser duro, pero es algo
que me gustaría que hiciera más gente. Vendiendo su libro o su música,
demostrando que no es solo lo que meten por la televisión. Esto es una especie
de rebelión, es una manera casi punki de ir a la gente.
P: ¿Tienes más formas de rebelarte?
R: Sobre todo llevar el pelo largo. Cuando estoy por aquí a algunos
les parezco un dios, me alaban porque creen que he vivido mucho. Pero por la
mañana tengo que ir a comprar el pan como todo el mundo y no siempre me miran
con buenos ojos. Yo creo que han pasado muchos años y la gente debería
respetar.
P: ¿Algún poema al que tengas especial cariño?
R: Hay uno que se llama Ídolo caído,
lo escribí hace tiempo, es el que más me gusta. No explico mis poemas, prefiero
que cada uno saque su conclusión. Sí recuerdo cuando lo hice y por qué, porque
pongo la fecha.
Le doy las gracias y apago la grabadora, pero Ángel tiene ganas de
contarme más cosas. Hablamos de música, con humor me dice que usó las malas críticas
de su primer álbum para las letras del segundo, Angelesia. Me cuenta el poco apoyo que recibe el rock y en especial
el sinfónico en España, que los jóvenes siguen las modas de Londres y no buscan
su propio estilo… pero eso se extiende a casi cualquier género musical y gusta
encontrar músicos que reivindican el arte, el valor de la creación personal,
por encima de éxitos multitudinarios.
Por la tarde, la plaza Dos de mayo se llena de niños que pese a tener
las rodillas llenas de heridas siguen pegando pelotazos a un balón rojo. Parece
inevitable que me hable de la responsabilidad que conlleva tener hijos y de la
infancia. La suya no fue muy feliz, me dice esquivo, su padre era obrero y su
madre limpiaba casas. Apenas les veía durante el día, y por la noche llegaban
cansados y “mosqueados”.
Sin embargo, ahora sí lo parece, tranquilo, habla lento y mirando al
infinito, se aleja cojeando y me lanza un beso con el pulgar.
ÍDOLO CAÍDO
(26
– 4 – 87)
Brilla la sombra de un dios en el
amanecer,
restos de una actuación que acabo
con él.
Barcos perdidos que buscan la
nieve en el sol,
juegos prohibidos que solo
quieren amor y soñar
con el secreto del aire y la
soledad.
Rompe el silencio en cascadas
teñidas de hiel,
pistas heladas que nunca podrán arder,
Ojos hundidos que tiemblan al ver
el color,
vientos tranquilos que intentan
solo jugar y mirar
por la ventana entre el odio y la
falsedad.
Hierve el veneno en las copas
untadas de miel,
cielos de fruta que ya no podrán volver.
Ricos sentidos que acaban
fingiendo ficción,
tenues sonidos que callan al
despertar y tocar
el arpa de la agonía y la
inmensidad.
Cierra su tumba la bestia que
supo entender,
ritos de la obligación que no
pudo ser.
Reinos caídos que cierran por
siempre el telón,
labios amigos que abren para
besar y cantar
una canción de misterios y de
humanidad.


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